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Lección de Jorge Oteiza

Jorge Oteiza (1908-2003) poeta, escultor y conspirador vasco, fue invitado en septiembre de 1994 a Barcelona, para convencerle de que aceptara el encargo de una gran escultura que debía rematar la proyectada prolongación de la avenida Diagonal hasta el mar, culminando eso que la propaganda llama “remodelación” de la zona.

A continuación va la respuesta que el viejo Oteiza escribe y distribuye por fax tras la visita bramando su negativa.

Desde que Oteiza descubrió que el fax sustituía con ventaja al papel carbón y al servicio de correos (aunque le papel carbón no dejaba de ser una pequeña pizarra negra, y cuentan los de allí que para Oteiza eso tenía su importancia), se había acostumbrado a repartir manifiestos y declaraciones, a las que llamaba “tiradas”, siempre mecanografiadas en su vieja “Olimpia” y usando las dos dimensiones del papel como pantalla compositiva donde los interlineados, espaciados y grumos de palabras remitían directamente a sus queridos Malevich, Mallarmé, y Maiacovsky. De la puntuación a la abstracción.

La Oda se conserva mecanografiada en dos versiones, prácticamente coincidentes. Propongo aquí la lectura de la última, corregida y firmada por Oteiza.

Para llegar al sentido del texto, en algunas líneas conviene que la lectura se pronuncie y que se escuchen, más que se lean, las palabras. Antes, me atrevo a sugerir algunas ayudas a a la lectura, más hipótesis que veredictos:

- El párrafo “alcalde Maragall afirma…” debe de estaré refiriéndose al eslogan “Barcelona, posa´t guapa”, sin duda la teoría urbana más importante elaborada hasta ahora por la urbanística socialista barcelonesa.

- El “monumental homenaje a la costurera” quizás sea la torre de comunicaciones telefónicas de Montjuic, obra del artista valenciano santiago Calatrava.

- La “arboleda chatarra… de hierro basura” podría coincidir con la pérgola de Enric Miralles en la avenida Icaria.

- El “enorme besugo de oro” no seria extraño que descubriera la cubierta de pabellón anexo al hotel Arts, de Frank Gehry.

- El arquitecto que “despedía… mal olor por el hocico” comparte algunas características con un arquitecto del ayuntamiento de Barcelona. Recibe especial atención el la Oda, puesto que fue él quien quiso hacer creer a Oteiza que los artistas enredados para participar en la operación lo hacían de forma prácticamente gratuita, a lo que Oteiza estaba dispuesto hasta que, en un descuido de los promotores artísticos, descubrió lo que se pagaba a Eduardo Chillida. El malogrado arquitecto, si acaso es de él de quien se trata en la Oda, hubiera podido aclarar la personalidad de su compañera, “que por patriotismo no cobraba (…) al país al que robaba”.

- La capilla de Giotto reducida a “caseta de perro” se refiere a la exposición, en aquellos días, de una reproducción fotográfica en maqueta a escala reducida de la capilla de Papua, en el vestíbulo del salón del Tinell de Barcelona

- No se ha podido identificar a los miembros del coro que responde “presente!”, cuando Oteiza los va llamando por su nombre, “hijo de puta”, sin caberles las manos en los bolsillos por lo llenas que las llevan. Es probable que se traten de fantasmas en la perturbada imaginación del viejo Oteiza, puesto que es notorio que todos los agentes comerciales de la marca registrada “Barcelona” son profesionales capacitados, de buena familia y excelentes personas, y que, de ser hijos de algo, lo son de alguno de esos “sabios monjes” a los que se refiere positivamente el irascible vasco.

Josep Quetglas


(mi visita a Barcelona por interesados

en escultura mía. set 94.

Como borrador de una tirada)


ODA OLIMPICA A BARCELONA

alcalde Maragall afirma de Barcelona que

guapa, muy guapa, guapísima

vuelvo de allí sucia basura basurísima

no tendréis mi escultura no confundan

entre tanta chatarra chatarrisima

no me ensucian

entre tanta corrupción

sin estilo podemos llamarlo qué pena

seguir llamándolo fenicio insulto por amor

por amor os digo

una Exposición internacional una Feria

es para arquitecto y escultor probar

invención audacia experimental

pues luego se van a quitar pero aquí

no se quita ni se inventa nada

roban todos en la Feria y se roba todos los días

qué horror de mierdas esta hermosa ciudad acribillada

siempre negocio de poner hay que limpiar quitar quitar

Calatrava monumental homenaje a la costurera

aguja al cielo con su botón de bragueta o calzoncillo

destruye al fondo horizontal de paz un bellísimo paisaje

Calatrava su material indestructible y más caro

para repartirse habrá

y de quien esa arboleda chatarra centenares toneladas

de hierro basura para siempre para cuántos corrupción

rebuznar y robar repartir comisiones

segregada basura para siempre

y de quien

ah cómo flota

sobre la ciudad inerme enorme besugo de oro

bodrio americano de intestinal chatarra ensuciando el cielo

¿también tú aquí

Frank Gehry payaso decorador perra apestada Guggenheim

para Bilbao dejándonos robar?

el artista vasco en vanguardia estorbaba

a nuestros gobiernos reaccionarios PNV

se nos tenia que destruir nuestro país dividido

políticamente cobarde vencido y acabado

no ha acabado todavía Guggenheim

despedía el arquitecto estoy en Barcelona

mal olor por el hocico nos hablaba bajada la cabeza

no nos miraba no se le oía y su compañera

que con él manipulaba nos decía que por patriotismo no cobraba

quería tanto al país al que robaba y al arquitecto la voz se le acababa

ya desde Italia había venido la Capilla de Scrovegni

que yo amaba tanto que más que por mi escultura yo venía

tebeo genial de Giotto en 48 recuadros

vi en Padua sólo 30 los demás ocultos por andamios

toda la vida de Cristo ah y aquel Cristo en la cruz

con nube de ángeles aviones enloquecidos de combate

horror de la Capilla reducida a una casta de perro

y entrando de uno en uno y el catálogo otro horror

ni un muro con sus 15 recuadros fotografiado de frente

quisiera contarlo denunciarlo todo y de cómo los traté

no aguanto todo mal hecho tanto cretino en el poder

no puedo explicarlo todo estoy enfermo mi tiempo acabado

ya al otro lado

quiero morir voy a matarme

quiero vomitar voy a vomitarme

oh Díos cómo te ha salido artista y político

con la misma y creadora mierda

me mostraban los nobles y góticos espacios oficiales

las manos llenas no les entran

no caben en sus bolsillos

en esta sillería para sabios monjes

aquí que imbéciles se sientan, y para qué

enanos corrompidos yo os pasaría lista

y contestaríais al oír vuestro nombre:

hijo de puta presente

hijo de puta presente

hijo de puta presente

NO OS MERECÉIS ESTOS 2 NOMBRES

GAUDÍ EL GENIO QUE ENSUCIÁS TODOS LOS DIAS

Y YO QUE CON MI AMOR Y MI GENIO VINE

TRANQUILIZAOS NO VOLVERE YA ME HE IDO

Oteiza

Publicado en QUADERNS Nº 251, pag. 137

La lotería De Los Inocentes

Antonio Muñoz Molina, escritor.

Parece que alguien debe pagar por las culpas y los errores de otros y quien pague ha de ser inocente.
Personas en posiciones poderosas cometen equivocaciones criminales, se dejan llevar por la ambición o la codicia o por la simple estupidez, siembran ideas falsas y venenosas, toman decisiones de consecuencias catastróficas; comunidades enteras se afilian con júbilo escalofriante a la ceguera y al fanatismo: da la impresión de que no sucede nada, y de que errores y disparates pueden sucederse sin precio alguno para quien los alienta y quien los comete. Alguien paga siempre, sin embargo, y suele ser el azar quien lo elije: alguien que no tiene parte ni responsabilidad en las causas de su desgracia, que literalmente pasaba por allí.
Pasar por donde no se debe sí que es una equivocación trágica. Acaba de confirmarse lo que ya se sabía, que el electricista brasileño Jean Charles de Menezes no se resistió a los policías británicos que le dispararon siete veces a la cabeza, que no había salido huyendo cuando le dieron el alto, que ni siquiera le dieron el alto ni llevaba una mochila sospechosa. Cada instante en la vida es una yuxtaposición vertiginosa de casualidades y decisiones. De todos los lugares del mundo Jean Charles eligió Londres para buscarse la vida lejos de su país, o fue allí porque tenia un amigo: y quien sabe cuántos azares mínimos se conjugaron para que saliera de su casa en un barrio de emigrantes a una cierta hora, y entrara en el metro en el momento justo en el que unos policías iban a elegirlo como víctima perfecta, en la gran lotería del sacrificio de los inocentes.
Como en los dibujos forenses donde se representa la trayectoria de una bala, una línea de puntos o una flecha lleva directamente a la cabeza destrozada de Jean Charles de Menezes a la cara vacua y afable y a la sonrisa rígida de Tony Blair, y a toda una suma de decisiones políticas cuyas consecuencias nunca pagan quienes las han tomado. Para que ese pobre hombre muriese una mañana en el metro, una desolada mañana laboral en una ciudad extranjera, mientras se disponía a sobrellevar el viaje leyendo un periódico gratuito, han hecho falta que el presunto laborista Blair secundara la rústico iluminado George W. Bush en la invasión desastrosa de Irak, pero ésa en solo una de las culpas que Jean Charles de Menezes fue elegido para expiar. También ha hecho falta que con el dinero del petróleo saudí se extendiera por el mundo musulmán la versión más fanática y oscurantista del Islam, y que en los años ochenta los Estados Unidos apoyaran el fundamentalismo de los talibanes para dañar a los soviéticos en Afganistán, y que las clases dirigentes árabes hayan preferido durante tanto tiempo perpetuar el control oligárquico sobre sus países y alentar el victimismo antioccidental y antiisraelí de sus súbditos en vez de hacer algo a favor de la igualdad y la justicia. Y ha sido preciso además que en Europa, y particularmente en Gran Bretaña, los dirigentes políticos e intelectuales hayan favorecido un blando multiculturalismo según el cual la instrucción pública universal y la defensa de los valores civiles y laicos es una imposición antiimperialista, un atentado contra la identidad cultural de las minorías inmigrantes. Salman Rushdie, que sabe de lo que habla, ha recordado últimamente la furia y la impunidad con que los dirigentes musulmanes británicos apoyaron en público su condena a muerte por blasfemia en 1989;y también se acuerda de colegas intelectuales que prefirieron unirse a sus agresores o al menos quedarse en una postura equidistante, dado que, al fin y al cabo, él, Rushdie, era culpable de herir con irreverencia de su libro sensibilidades religiosas que al parecer están exentas del escrutinio de la libertad de expresión y de la igualdad ante la ley, esas dos antiguallas de la vieja Ilustración.
Ésta es la doble sabiduría de Blair por la que ha pagado Jean Charles de Menezes: por una parte, secundar una invasión, en nombre de la guerra contra el terrorismo, cuya consecuencia principal esta siendo la multiplicación del número de terroristas; por otra, ofrecer todas la ventajas de la tolerancia europea a algunos de sus peores enemigos. Se diría que la vida de un ser humano es muy poca cosa en el paisaje inmenso del dolor y de la destrucción, de la injusticia y del desorden del mundo. Pero esa cosa mínima era todo lo que tenía Jean Charles de Menezes, y lo que tenemos cada uno de nosotros, de modo que es un ultraje saber que a veces hay que perderla por la simple razón de haber sido elegida al azar para pagar las culpas de otros. En el bombo de esa lotería hay un número para cada uno. A las vidas de los demás cualquiera renuncia con desenvoltura, hasta con elegancia.
El pago le puede ser reclamado al inocente en cualquier momento, y es inapelable. No se puede saber cuál de nuestros actos resulta decisivo para que se nos elija. Entrar en el metro una mañana, pararse a recoger un periódico gratuito, valiosos segundos perdidos sin los cuales no habríamos estado en el lugar que nos correspondía. Un hombre cruza un paso de peatones confiando que esta verde la luz del semáforo y un coche a toda velocidad lo atropella y lo mata, y el conductor se da a la fuga. Con el tiempo se acaba descubriendo que el homicida es un bailaor joven y famoso, gitano, en la cima del éxito. Se cumple aquí otro axioma entre los culpables que permanecerán impunes y los inocentes que han de ser sacrificados: el culpable tiene un nombre conocido y es una figura pública; el inocente es anónimo, lo cual ya es una adelanto en el proceso conveniente de su eliminación. El bailaor Farruquito conduce sin carné un coche de máxima potencia a una velocidad temeraria, atropella a un hombre y ni siquiera se detiene a prestarle la ayuda que podría haberle salvado la vida, la única que tiene. Es detenido y juzgado, y su única condena es pagar una cantidad modesta, algo mas de cien mil euros, que ni siquiera saldrán de su bolsillo.

¿Cien mil euros es el valor de la vida de un hombre, todo lo que hay que pagar por quitarla, la compensación que merecen aquellas personas para las que la víctima tenía una identidad y un nombre, una voz, una presencia cálida que fue borrada del mundo para siempre porque este hombre cometió un error, casi el delito, de cruzar la calle confiando en le paso de peatones?

Había unas cuantas cosas por las que era preciso por las que alguien pagara: una cultura masculina embrutecida, alentada por la industria y por la publicidad, en la que el coche es la representación arrogante de una fantasía de potencia física, y a causa de las cual conducir por las ciudades y carreteras españolas es con mucha frecuencia una aventura peligrosa, un tormento para las personas prudentes y pacíficas; una legalidad que parece calculada para favorecer la impunidad de los conductores más chulescos, los que se creen tan hábiles que para ellos no cuentan las limitaciones de velocidad ni las advertencias sobre el alcohol y al mismo tiempo se saben a salvo de cualquier castigo serio, por muy graves que sena las consecuencias de su chulería; y una sociedad con muy poco pulso cívico, embotada por el espectáculo permanente de los malos modos, del ruido, de la primicia de la sinrazón grosera y el capricho por encima de la educación, a sensatez y la ley también tenia que pagar alguien por la idea toxica de que por encima de las responsabilidades personales que fueron en otro tiempo la espina dorsal de la ciudadanía está la pertenencia difusa a grupos, géneros, pueblos, etnias, culturas. Perteneciendo Farruquito a la etnia gitana, víctima de marginalidad y persecución durante siglos, quien le exigiera responsabilidad por sus actos podría ser sospechoso de racismo. Si los sufrimientos de otros en el pasado pueden ponerse oportunamente al servicio de los privilegios y las impunidades del presente, no es posible la igualdad de los ciudadanos ante la ley, que era según recuerdo, otro de los pilares de la democracia. El hombre muerto en el paso de peatones, al parecer no pertenecía a minoría que pudiera reclamarlo como héroe o mártir, no era parte de un pueblo sobre cuya esencia colectiva se proyectara como una injuria el delito de su atropello. Jean Charles de Menezes ni siquiera era musulmán, tan solo pobre e emigrante. Conviene que la victima y los suyos se queden solos en la muerte, y así el olvido actuará con más eficacia sobre ellos. Gracias al precio que otros han pagado, Tony Blair podrá seguir perfeccionando su rígida imitación de sonrisa política norteamericana, y el bailaor Farruquito, como tantos otros conductores españoles, tendrá la oportunidad de disfrutar de su coche sin la enojosas limitaciones a que se vería sometido en otros países, donde las autoridades tienen la molesta costumbre de aplicar las leyes, y en donde se concede algo mas de valor a la vida humana.

El País, 28 de agosto de 2005

LE CORBUSIER Y LAS TORTUGAS

interesantisimos textos encontrados en internet hace algunos años.... desafortunadamente parece que su autor no escribira mas por el momento, espero.

Cuando los tiempos estaban maduros, y la fruta de la modernidad todavía estaba algo verde, él llegó y se la comió,... el muy cabrón. Llegó de los
últimos y, sin avisar se puso delante. "¿A quién estais esperando...?", preguntó. Y a continuación se dio un atracón.

Dice Cata que todos se copian de Le Corbusier; no se escapa ninguno. Unos directamente lo dicen, otros lo admiten (faltaría más), y otros ni lo saben.

Andaban los años diez, (que son los que van antes de los veinte), y la
versión más creíble cuenta que se encontró la Arquitectura con las llaves puestas, y que la estuvo paseando por el siglo impunemente hasta los
sesenta. Bueno, menos una vez que los Smithson lo vieron despistado y se atrevieron a darse una vuelta.
Desde entonces los arquitectos siguen sus pasos, pisan donde él pisó.

Pero no por ningún tipo de fervor, sino porque Le Corbusier estuvo en todas partes.

Desde entonces los arquitectos miran la calle antes de cruzar, y desde entonces antes de hacer nada primero le piden permiso.

Desde entonces vamos recogiendo las migajas que se dejó por el camino. Lo que otros escalan con gran esfuerzo y enorme aplauso del público, él ya lo
ha paseado, de ida y de vuelta. Vayan donde vayan se encuentran el mismo garabato impertinente: "LC ESTUVO AQUI".

Suyas son las parábolas de Miralles, el aire que respira Siza, el nosequé vernáculo de Sert (y de Coderch), los huevos del Rem Koolhas, el folclore de
Steven Holl, las birrias del Richard Meier, los japoneses que vendieron su alma y sus cromos de Mazinguer Z........las orejas que les crecen a
muchos,... Nada puedo decir, en cambio, de los que optaron por dejar la arquitectura y dedicarse a otra cosa, como hizo Norman Foster, que diseña juguetes
para niños que quieren ser mayores, o Frank Gehry, que hace columpios para mayores que son como niños.

Volviendo a Le Corbusier, suyas son las casas viga, las casas cajón, las casas en altura, las casas en bajura (perdón, las casas tapiz), las casas gusano, las casas autopista, las casas puente, las chabolas, los palacios de gruyere, los museos caracol, las bóvedas catalanas, los champiñones, las cafeteras, los delirios urbanísticos, los dibujitos, los
argumentos insostenibles para sostener proyectos...

Suya es también la culpa de muchas cosas, pero especialmente la de haber mediado en el acuerdo más peligroso y equívoco del siglo: el pacto entre la
tradición y la modernidad. Lo que en su origen pudo ser una tímida sonrisaen la historia de la arquitectura, hoy es una mueca inquietante que enseña
los dientes de oreja a oreja; y que puede hacerlo porque éste es su momento, porque todos quieren ese pacto, porque todos lo aceptan, porque
los políticos cuentan con él, porque el más ignorante sabe que está bien
que la tradición y la modernidad vengan juntas, y el más culto no tiene más remedio que saberlo, porque es la panacea y el gran negocio,...
porque Abel y Caín han vuelto a ser amigos y todos están contentos, desde el vegetariano hasta las ministras del Medio Ambiente Cultural.

Dicen que hay que aprovechar las ventajas del presente sin perder las raíces del pasado; Todo el mundo hace suyo el argumento más pusilánime y
cobarde para que todo cambie y al mismo tiempo se quede como está.

Pero el problema es que el problema ahora es sslo nuestro. Y el problema es que no tenemos al tío Corbu para deshacer la trampa, igual que deshizo
la del "Esprit Nouveau". Porque igual que la hizo la deshizo, porque conocía el truco.
Pero nos dejó la Arquitectura y se llevó las llaves (como Mairena).
Y no es que no hayamos cuidado la Arquitectura; al contrario, a menudo lo hacemos más de la cuenta. Lo que pasa es que lo que tenemos ahora es
chatarra de museo; y un cementerio; de vanguardia, pero cementerio.

Y ¿qué hubiera hecho él?.......
Seguro que Le Corbusier se merendó lo que otros habían cocinado, pero también es verdad que ha tenido su justo castigo en lo poco que le han
dejado los que reparten los méritos; y además sufrirá la dura penitencia de
aparecer para siempre en los mismos libros de historia de la Arquitectura
que Frank Lloyd Wright, que fue el Corbu americano, el copiado por la gente de buen gusto,... un tío más cursi que 'La casa de la pradera'.
En definitiva, que aparte de Le Corbusier no ha habido nadie. Él ha sido el único, y Alvar Aalto también ha sido el único.
Entretanto, y mientras sigamos en este callejón sin salida por delante
ni por detrás, seguiremos copiando, que para eso estamos.

¿Cuál es la diferencia entre Rem Koolhas y Miralles?
Pero...? es que hay alguna diferencia, tan místicos los dos, tan aerodinámicos, tan modernos, tan japoneses, tan finos, tan diseñados, tan europeos, tan ensimismados en si mismos,...?

Pues sí. La diferencia está en los libros.
¿en los libros que han publicado?
No. En los libros que se han comprado.

Miralles se compró las "obras completas de Le Corbusier" (8 tomos y una pasta gansa), además de algunos otros que ya tenía.

Rem Koolhas sólo tiene un libro. "Le Corbusier" (en edición de bolsillo), pero se lo ha mirado mucho.

nota: Cuando llegó Steven Holl en la librería sólo quedaba "Le Corbusier
fácil", junto a las recetas de cocina.

http://pagina.de/nadadeso/